“Vivimos en un mundo donde todo es reversible. Uno aprieta un botón en el control del televisor, del reproductor de DVD, de la cámara y todo puede volver atrás y ser re experimentado. Pero eso no ocurre cuando nos encontramos con el hecho total de la muerte. Para mí eso fue insoportable. Una de las cosas más insoportables que vinieron con mi nueva situación: el hecho de que no había nada que hacer. Y decidí que al menos me movería a mí mismo a través de la escritura y que trataría de encontrar mi nuevo lugar en esta situación.… . “Hay tantos sentimientos nuevos y quiero entenderlos, quiero estar allí, aun cuando sea insoportable. Quiero decir: esto es lo que mi vida me trajo, y quiero entender mi vida, por eso escribí este libro. Por supuesto, esto no le pone fin al dolor, el dolor continúa, continuará y debe continuar: en cierto modo, cada momento de dolor es un momento de contacto con la persona que amé.”…Grossman autor del libro Mas allá del tiempo…
Un profesor pregunta, en una clase de composición de una carrera musical universitaria, quién ha comprado un CD el último año. Al rato, y en el medio del silencio generalizado, un alumno inquiere a su vez: “¿virgen?”. La escena es, por supuesto, verídica. Tanto como lo eran las multitudes que, en el pasado, se agolpaban en las disquerías los días en que se anunciaba la salida de una nueva grabación de un ídolo pop. Por un lado, nada ha cambiado demasiado. De hecho, mucha de la música que hoy todavía se escucha con rango de actual es la misma que suscitaba los fanatismos de dos, tres o cuatro décadas atrás. Sin embargo, todo es infinitamente distinto. Eso es lo que, sin demasiada imaginación, se llama “la crisis del CD”. Pero hay varios datos que habitualmente no se incluyen en la ecuación. El primero es que lo que ha cambiado para siempre no es el mercado del disco sino su breve estado de euforia –ediciones y ventas millonarias– de la era en que el soporte básico de la industria mutó del vinilo al CD. Es decir de un momento bastante especial en que, en un sentido, el público reconvirtió sus discotecas –en una época en que éstas tenían un fuerte valor simbólico, identitario y social– a la nueva tecnología y, en otro, el abaratamiento del proceso de grabación y copiado multiplicó por más de diez mil la cantidad de ediciones anuales. Si lo que se toma en cuenta es un período más largo y se considera el desarrollo de la industria discográfica a lo largo de unas cinco décadas, lo que se hace evidente no es tanto la disminución de las ventas como el abandono, por parte de las empresas, de lo que había sido su verdadero sostén ya desde la era del disco de 78 rpm: la unidad de dos temas. Lo que claramente la industria no vio y no fue capaz de identificar como un problema fue la desaparición del disco “simple” (o single). Y es que, en rigor, esa es la función que, sin duda, las bajadas de Internet le han arrebatado. Nadie quiere comprarse un CD de 80 minutos para llevarse dos éxitos consigo. - -
Donde aparece un nuevo dato, tal vez el más significativo de todos. Las cifras de venta de las ediciones rematerizadas de Beatles, Queen o Pink Floyd, y el fluido mercado alrededor de esos sellos chicos que se pone de manifiesto en Internet y en las disquerías especializadas –incluso en una ciudad con un mercado pequeñísimo, como Buenos Aires– muestran que sigue habiendo un público ávido de aquello que, hasta ahora, sólo el disco puede dar. Es claro, son pocas las músicas del presente capaces de igualar la capacidad simbólica de aquellos nombres del pasado. Poseer la obra de Lennon o de Beethoven tiene, todavía, un valor social al que, en todo caso,Green Day difícilmente podría acceder. El mercado está, en ese sentido, sufriendo la consecuencia de sus propios errores. La facilidad y el aparente barril sin fondo de la producción musical lo llevó, en clásicos términos monetarios, a una depreciación del producto por saturación. El disco como excepción, como prueba del talento –un LP llegaba como colofón de una serie de éxitos en single, nunca antes–, como pieza rodeada de algún grado de dificultad y mérito, tenía, para la comunidad, un valor que las propias empresas han destruido por mera abundancia. Y eso sin considerar lo poco (y lo mucho malo) que se ha hecho en el terreno del diseño para igualar la cualidad de objeto casi artístico al que había llegado el vinilo en las décadas de 1960 y 1970. El español Fresh Sound y el local Lantower lideran con comodidad esa tendencia donde el secreto del éxito pasa por la alianza entre curadores y restauradores. Ediciones como las recientes Live in Minton’s Playhouse in New York, de Eddie Lockjaw Davis y Johnny Griffin, una caja de 4 CDs a bajo precio publicada por Fresh Sound o, del mismo sello, The Complete Legendary Sessions, de Chet Baker y Bill Evans.- Por su parte, en Argentina: La cadena Yenny-El Ateneo importa las novedades de Emi y Universal (que abarca Deutsche Grammophon, Decca y Philips), y Zival’s distribuye localmente ECM, Harmonia Mundi y Naxos. En ambos casos, la pequeñez del mercado no permite hacer grandes stocks de reserva, las unidades que llegan al país son pocas y desaparecen rápidamente de los negocios, y los tiempos de reposición pueden llegar a ser exasperadamente lentos. Y hay, claro, algunos bastiones, como la disquería Minton’s, que permite acceder a lo más actual del mundo del jazz y, además, pone de relieve, nuevamente, la vieja imagen del disquero: alguien capaz de asesorar y hasta enseñar a sus compradores.
Lo que nadie duda es que, como ya sucedió en el final de Cretácico, también esta vez los más grandes pagarán el precio de su tamaño.Recuerdos… .
Rumbo al puticlub, apartando a golpes mis dolores
pensando que así voy a ser el mas premidado de la morgue
muy hundido en mi propia herida, pienso, siento que la ruta por la que voy, esta repleta de caricaturas, que si pierden el bondi ni se va a enterar
llego, entro y siento que el infierno esta encantador , esta noche. . adentro con los ojos ciegos bien abiertos la veo che, a la novia del cariocca, si si, a la hija del fletero, como siempre, como nunca, linda… infinita
esta dormida o finge que duerme????
abre sus ojos… me mira… .y recuerdo su última sentencia
lo mejor de nuestra piel, es que no nos deja huir,
se acerca y sentencia en un susurro en el preciso instante en el que en el aire espeso que habia entre los dos brillaba una copa rota…dejó caer en mis oidos “el lujo es vulgaridad, nene”… y me conquistó… .se que no es sincera.. . pero me gusta oirla… . .Es una de esas noches, donde a todos nos gusta
la misma bailarina y el mismo lunar… .alrededor hay un par de mocosos que tiemblan con suspiros teatrales al ver… tantos cielos despendejados de todo placer!!! (probablemente sean caballos que mueran potros, sin galopar) …hay tipos que van bombeando guita en trolas coquetas que llenan de mentiras sus orejas…chicas que sueñan con que su rollo sea pelicula de amores suaves…putas serenas que son tan lindas, que dan miedo cuando las miras… . para vos, (para mi) ellas son capaces de herirme con su dolor
no dejo de preguntarme cuanto tiempo voy a estar refugiado en mi soledad… yo angel de la soledad, y de la desolación, siento que el futuro ya llegó y que preso de mi ilusión voy a bailar, a bailar y bailar… .
Humano roto y mal parado, la siento cerca…la presiento…y me afirmo en la certeza, lógico (como pretendo ser)… superlógico… que a ella, yo no la cambio por nada cuando empieza a cabalgar… .
Recuerdos. . . recuerdos que mienten un poco. .siempre fue así… .
Recuerdos… .
Rumbo al puticlub, apartando a golpes mis dolores
pensando que así voy a ser el mas premidado de la morgue
muy hundido en mi propia herida, pienso, siento que la ruta por la que voy, esta repleta de caricaturas, que si pierden el bondi ni se va a enterar
llego, entro y siento que el infierno esta encantador , esta noche. . adentro con los ojos ciegos bien abiertos la veo che, a la novia del cariocca, si si, a la hija del fletero, como siempre, como nunca, linda… infinita
esta dormida o finge que duerme????
abre sus ojos… me mira… .y recuerdo su última sentencia
lo mejor de nuestra piel, es que no nos deja huir,
se acerca y sentencia en un susurro en el preciso instante en el que en el aire espeso que habia entre los dos brillaba una copa rota…dejó caer en mis oidos “el lujo es vulgaridad, nene”… y me conquistó… .se que no es sincera.. . pero me gusta oirla… . .Es una de esas noches, donde a todos nos gusta
la misma bailarina y el mismo lunar… .alrededor hay un par de mocosos que tiemblan con suspiros teatrales al ver… tantos cielos despendejados de todo placer!!! (probablemente sean caballos que mueran potros, sin galopar) …hay tipos que van bombeando guita en trolas coquetas que llenan de mentiras sus orejas…chicas que sueñan con que su rollo sea pelicula de amores suaves…putas serenas que son tan lindas, que dan miedo cuando las miras… . para vos, (para mi) ellas son capaces de herirme con su dolor
no dejo de preguntarme cuanto tiempo voy a estar refugiado en mi soledad… yo angel de la soledad, y de la desolación, siento que el futuro ya llegó y que preso de mi ilusión voy a bailar, a bailar y bailar… .
Humano roto y mal parado, la siento cerca…la presiento…y me afirmo en la certeza, lógico (como pretendo ser)… superlógico… que a ella, yo no la cambio por nada cuando empieza a cabalgar… .
Recuerdos. . . recuerdos que mienten un poco. .siempre fue así… .
Desarolla Wayne Shorter antes de su show el 8 de Junio en el Gran Rex,: Siendo todos sus integrantes músicos solistas, no ensayan, tocan lo que les trae la inspiración del momento. “El escenario es el lugar donde sale el trabajo interior de cada uno de nosotros”, afirma Shorter, para quien la falta de trabajo previo resulta el secreto del sonido del conjunto.
No se trata de preservar la espontaneidad, ni de una apuesta a la inspiración del momento. Hay casi una filosofía en esto, a la que Wayne Shorter explica: “Es lógico, no podría suceder de otro modo. Como no ensayamos, todo lo que ocurre es nuevo incluso para nosotros. Se disfruta más de esta manera, sin que hayamos pasado horas hasta alcanzar lo que otros llamarían perfecto, La música que surge en el escenario está más acorde a los tiempos que corren: nadie sabe qué va a suceder el próximo minuto. Tenemos que encontrar nuevas maneras de enfrentarnos a lo desconocido, a que suceda lo inesperado, algo de lo que no se tiene experiencia previa. Hay que enfrentar con coraje y nobleza la experiencia de la eternidad, todo es frágil, todo es temporario, en la aventura de estar vivo”.
El jazz, eso que se llama jazz, debe ser algo que nace en el momento. Cuando digo en el momento, es hacer algo sin ninguna referencia anterior. El jazz es una suma de esfuerzos para estar en el momento, y cuando se logra estar en el momento siempre aparece algo que no sonó antes. Para hacer jazz, hay que romper las reglas, hay que tener la vocación para mantenerse cerca de otra clase de músicas. Es mantener la música con vida. No repetirse jamás, no hacer lo mismo mil veces porque eso nos deje millones de dólares. Esos millones son como un parpadeo en la historia de la eternidad. El jazz es algo que viene a nosotros y que nunca le llegó a nadie antes. Eso mismo hace que lo queramos compartir con los demás. No es que lo sepamos todo de antemano, lo vamos descubriendo, vamos develando el misterio de ser humanos sin llegar nunca a resolverlo del todo. La vida es algo que debe ser permanentemente honrado. La música por la música en sí, sin segundas intenciones, sin atarse al mercado, es una forma de que la vida tenga real valor. Para quienes tocan y para quienes escuchan.
“Nunca sabemos qué va a pasar, no estamos atados a nada, nuestra música es celebrar lo que hay de sagrado en la condición humana. No sé qué diablos (ojo, no es una traducción literal) haremos, aunque tenemos una base para arrancar.” Y cuando se le pide que no se olvide de tocar Footprints , una bellísima balada, la promesa es bien al estilo de la leyenda de Wayne Shorter: “Lo haremos, sí, y trataremos de que la gente lo reconozca… ” «
Por Leonard Cohen
Por ejemplo la palabra “mariposa”. Para usar esta palabra no hace falta aligerar la voz, ni dotarla de pequeñas alas empolvadas, ni inventar un día soleado o un campo de narcisos, ni estar enamorado, ni estar enamorado de las mariposas. La palabra “mariposa” no es una mariposa de verdad. Está la palabra y está la mariposa. La gente tendrá todo el derecho a reírse de ti si confundes estos dos conceptos. No le des tanta importancia a la palabra. ¿Qué quieres transmitir, que amas a las mariposas con más perfección que nadie o que entiendes realmente su naturaleza? La palabra “mariposa” no es más que un dato. No te da pie a revolotear, elevarte, proteger las flores, simbolizar la belleza y la fragilidad o interpretar de alguna forma a una mariposa. No representes las palabras. No representes nunca las palabras. No intentes nunca despegar del suelo cuando hables de volar, ni gires la cabeza y cierres los ojos cuando hables de la muerte. No me mires con ojos ardientes cuando hables del amor. Si quieres impresionarme al hablar del amor, métete la mano en el bolsillo o debajo del vestido y acaríciate. Si tu ambición y tu hambre de aplausos te han llevado a hablar del amor, debes aprender a hacerlo sin desacreditarte a ti mismo ni lo que dices.
¿Qué expresión podría definir a nuestra época? Nuestra época no tolera expresión alguna. Todos hemos visto fotografías de madres asiáticas desoladas, así que no nos interesa la agonía de tus órganos achacosos. Nada de lo que puedas expresar con tu cara tiene parangón con el horror de nuestro tiempo. No lo intentes siquiera. Sólo merecerías el desprecio de los que han sido tocados en lo más hondo. Todos hemos visto noticieros con seres humanos embargados por el dolor y la desazón. Todos sabemos que comes como Dios manda y que hasta te pagan para que te subas a un escenario. Estás tocando para gente que ha vivido catástrofes, así que tranquilízate. Di las palabras, transmite los datos y hazte a un lado. Todos sabemos que sufres. No puedes contarle al público todo lo que sabes del amor en cada verso de amor que digas. Hazte a un lado: la gente sabrá lo que tú sabes porque ya lo sabía. No tienes nada que enseñarles. No eres más hermoso que ellos. Ni más sabio. No les grites. No fuerces una entrada en seco. Eso es sexo mal practicado. Si muestras el contorno de tus genitales, entrega lo que prometes. Y recuerda que, en el fondo, la gente no quiere acróbatas en la cama. ¿Qué necesitamos? Estar cerca del hombre natural, estar cerca de la mujer natural. No quieras ser un cantante venerado por un público numeroso y leal que desde siempre ha seguido los altibajos de tu carrera. Las bombas, lanzallamas y demás mierdas han destruido algo más que árboles y poblados. También han destruido los escenarios. ¿Acaso creías que tu profesión iba a escapar de la destrucción general? Ya no hay escenarios. Ya no hay candilejas. Estás entre la gente, por lo tanto sé modesto. Di las palabras, transmite los datos y hazte a un lado. Quédate solo. Quédate en tu habitación. No montes un número.
Se trata de un paisaje interior. Está dentro y es privado. Respeta la intimidad de tus textos, pues fueron escritos en silencio. La valentía de la interpretación es decirlos. La disciplina de la interpretación es no violarlos. Deja que el público sienta tu amor por la intimidad aunque ésta no exista. Sé una buena puta. El poema no es un slogan. No puede promocionarte. No puede fomentar tu reputación de sensible. No eres un semental. No eres un ladrón de corazones. Tanto gangster del amor y tanta tontería. Eres un estudiante de disciplina. No representes las palabras. Las palabras mueren cuando las representas, se marchitan, y no nos queda más que tu ambición.
Di las palabras con la precisión exacta con que comprobarías la ropa de tu colada. No te conmuevas con una blusa de encaje. Unas braguitas no tienen por qué ponértela dura. No tiembles al ver una toalla. Las sábanas no han de dibujar una expresión de ensueño alrededor de tus ojos. No hace falta que llores en el pañuelo. Los calcetines no están ahí para evocarte extraños y lejanos viajes. No es más que tu colada. No es más que tu ropa. No seas un mirón escudriñando a través de ella. Limítate a llevarla puesta.
El poema es mera información. Es la Constitución de la patria interna. Si lo declamas y lo hinchas con nobles intenciones, no eres mejor que esos políticos que tanto desprecias. No haces más que agitar una bandera y llamar patéticamente a la patriotería emocional. Piensa en las palabras como ciencia, no como arte. Son un informe. Es como si dieras una conferencia en la Federación de Montañismo. Las personas que te escuchan conocen todos los riesgos de la escalada, y te honran dando por sentado que lo sabes. Si se los pasas por la cara, estás insultando la hospitalidad que te ofrecen. Infórmales de la altitud de la montaña, describe el equipo que utilizaste, especifica el tipo de superficie y fija el tiempo que duró la escalada. No busques dejar al público boquiabierto. Si el público se queda boquiabierto, no será debido a tu apreciación de los hechos, sino a la suya. Tu mérito estará en la estadística y no en las inflexiones de tu voz ni en los ademanes enérgicos de tus manos. Estará en los datos y en la tranquila organización de tu presencia.
Evita las fiorituras. No temas ser débil. No te avergüences de estar cansado. Tienes buen aspecto cuando estás cansado. Parece como si pudieras seguir y seguir sin parar. Y ahora ven a mis brazos. Eres la imagen de mi belleza.
Cuando, hace diez años, François Dubet preguntaba a sus estudiantes en Francia dónde estaban las desigualdades sociales más graves, le respondían: “Entre los pobres; entre los obreros”. Cuando pregunta eso hoy, no dudan: “Entre las mujeres, los inmigrantes, los jóvenes”. La experiencia personal le sirve a este sociólogo francés para ilustrar un cambio contemporáneo en la concepción de la justicia social -de las reivindicaciones socioeconómicas a la lucha contra la discriminación- que, afirma, está profundizando las desigualdades. En Repensar la justicia social , que acaba de editar Siglo XXI, y que Dubet vino a presentar a la Feria del Libro, el autor critica el concepto de igualdad de oportunidades que impera hoy en el discurso hegemónico, como un modelo que, al promover el mérito como condición para ascender socialmente, transforma la sociedad en “muy violenta y muy poco solidaria”. En cambio, se pronuncia a favor de la “igualdad de posiciones”, que busca reducir las desigualdades en las condiciones de vida y acortar las brechas sociales y económicas, una idea que, afirma, podría ayudar a la “reconstrucción ideológica de la izquierda”, al menos en su país.
-Afirma en su libro que la igualdad de oportunidades descansa en una ficción.
-Decir que somos libres e iguales es una ficción, y la igualdad de oportunidades es indiscutiblemente una ficción. Es un principio de justicia que individualiza a los actores y pone a todos en competencia, y creo que no está bien construir una sociedad sobre un principio como ése. Además, el logro del mérito puede incrementar considerablemente las desigualdades sociales. En el fondo, el mérito no impide que los más ricos tengan todo y que estemos convencidos de que lo merecen, así como de que los pobres merecen la pobreza. Como estamos en una sociedad muy individualista, capitalista y liberal, el principio de la igualdad de oportunidades la transforma en muy desigual, muy violenta y muy poco solidaria. Hoy la concepción de las desigualdades sociales en Estados Unidos, Canadá y Europa está basada únicamente en la discriminación, es decir, en los obstáculos al mérito. Es verdad, pero no hay que olvidar que si un obrero está mal pagado no es porque no tenga mérito, sino porque está siendo explotado.
-¿Hay alguna manera, dentro del sistema capitalista en el que estamos, de encontrar un equilibrio entre la igualdad y el mérito?
-Es verdad que estamos dentro de una economía capitalista y en ella estaremos por un largo tiempo, pero el capitalismo no determina la sociedad como una fatalidad. Canadá y Estados Unidos tienen exactamente la misma economía capitalista, pero las desigualdades sociales son dos veces menores en Canadá que en Estados Unidos; la inseguridad no existe en Canadá; los canadienses gastan menos que Estados Unidos en la salud y tienen mejor servicio; la escuela canadiense es muy igualitaria, la escuela estadounidense no lo es en absoluto. Lo que nos quieren hacer creer los liberales, de un lado, y lo que en Francia se llama “la izquierda de la izquierda”, por el otro, es que hay una fatalidad capitalista, pero la historia social muestra que no la hay. En el interior de las sociedades siempre hay capacidad de acción.
- ¿Qué le critica a la igualdad de oportunidades?
-En Europa y Estados Unidos hay un cambio de concepción de la justicia social. Cuando se piensan las desigualdades en términos de “patrón-obrero”, se piensa en una desigualdad de posiciones sociales, pero cuando se razona “mujeres, jóvenes, inmigrantes”, como ahora, se hace en términos de discriminación. Hemos luchado mucho contra la discriminación de las mujeres y hemos logrado que las mejores mujeres asciendan pero no hemos disminuido las desigualdades entre las posiciones sociales. Si yo quisiera realmente reducir las desigualdades entre mujeres y hombres, subiría los salarios de las cajeras de supermercados, que son puestos femeninos en general. Hay pocos puestos de jefe de Estado. Si la secretaria está bien pagada y nunca llega a gerenta, es menos grave que si está mal pagada y nunca alcanza un puesto gerencial.
-En general se afirma que la escuela puede cada vez menos reducir las desigualdades sociales, pero usted dice que las profundiza.
-Hay países como los escandinavos, los asiáticos, Canadá, en cierta medida Inglaterra, en los cuales la escuela reduce las desigualdades sociales. Y hay países en los cuales hay menos desigualdad en la escuela que en el resto de la sociedad. Varios factores lo explican. Primero, la repartición espacial de las desigualdades sociales. En las ciudades donde los ricos y los pobres viven separados, las desigualdades escolares prolongan las desigualdades sociales: los más ricos van a las mismas escuelas, lo mismo ocurre con los más pobres. Hay un factor político: los países que más reducen las desigualdades sociales tienen una escuela común, no selectiva, entre los 5 y los 16 años. Y el tercer factor es que cuanto más decisivo es el rol de los diplomas en el acceso al empleo, más fuertes son la competencia social y las desigualdades escolares. Las buenas escuelas son las que dedican más esfuerzo a los alumnos con más dificultades. La justicia de un sistema escolar no está tanto en la cantidad de alumnos pobres que llegan a la elite, sino en la calidad de la escuela de los alumnos más débiles. La verdadera dificultad hoy es tener una pedagogía individualizada. Los países con mejores resultados escolares son aquellos donde los docentes consideran que la igualdad social no es contradictoria con la individualización de los alumnos. Y los alumnos que no han tenido éxito en la escuela deben poder beneficiarse con otros tipos de formación. Cuando yo era chico, la escuela les decía a los hijos de obreros que probablemente iban a ser obreros, pero que la condición obrera iba a mejorar. Hoy se les dice que la situación obrera es mala; que si tienen méritos, saldrán de ella, pero si no los tienen, peor para ellos.
-Hoy hay un grave problema de deserción, sobre todo en la escuela media.
-En todo el mundo.
-Y hay quienes se preguntan por qué los chicos volverían a la misma escuela que abandonaron si no se generan condiciones para que regresen.
-Creo que el problema de la deserción, sobre todo en chicos a partir de los 12 o 13 años, debe hacer pensar por qué la cultura escolar parece no interesar a los alumnos, por qué sienten que pueden acceder a mucha información por sí solos. La escuela en este sentido es como la religión: ha perdido poder de seducción. Por otra parte, estamos en una sociedad que les dice a los alumnos que la escuela es indispensable para tener éxito en la vida, y en cuanto un número de estudiantes entienden que no van a lograrlo, no les interesa ir. Creo que hay que repensar completamente la escuela porque, al menos en Francia, se ha transformado en un espacio de competencia por tener trabajo. Hay dos peligros: el primero es decir que, ya que la sociedad es desigual, capitalista, egoísta, no hay nada que se pueda mejorar en la escuela, y la segunda es imaginar que la escuela puede resolverlo todo. Pero hay escuelas mejores que otras. Y no es solamente una cuestión de recursos.
-Aquí se destina mucho dinero para educación, pero los resultados no parecen acompañar esa inversión.
-En Francia se ha dado mucho dinero para educación y los resultados no son buenos, porque hemos retrasado la formación de los docentes y hemos perdido el coraje de hacer reformas. Los países que obtienen buenos resultados son los que han decidido reformar el sistema escolar. Hace treinta años ni los países escandinavos, ni Canadá, ni Inglaterra tenían buenos resultados, y empezaron de nuevo. Hace falta inteligencia, capacidad política y un Estado capaz de hacerlo. Sacar a los mejores alumnos de un barrio pobre y mandarlos a una buena escuela hace que las condiciones sociales se degraden, porque en el barrio pobre sólo quedan los peores alumnos. Se le hace justicia a un individuo, pero la justicia individual se vuelve una injusticia colectiva, porque se incrementan las distancias.
-La salvación individual no es la salvación colectiva, como usted escribió.
-Exacto. Hay que razonar como se hacía hace un siglo con la tuberculosis. La vencimos con vacunas pero fundamentalmente con agua corriente, buena alimentación, mejoras en las condiciones de la gente. Hoy vuelve la tuberculosis porque las condiciones de vida se degradan. Y creo que los gobiernos han renunciado a reparar eso. En Francia, al menos, la gente ya no cree que se pueda mejorar la sociedad, sino sólo el destino de aquellos que lo merecen.
Stéphane Hessel autor del libro Indignezvous! base de inspiración de los auto denominados indignados españoles
Comienza el llamamiento de “la indignación” reconociendo que habla a los jóvenes desde la última etapa de su vida, ya que “el fin no está muy lejos”. Pero que tiene la suerte de poder recordar lo que ha servido de base a su compromiso político: los años de la Resistencia y el programa que ella elaboró, el del 15 de marzo de 1944, basado justamente en la indignación que producían en los jóvenes la Ocupación y el nazismo, y fundado en “un conjunto de principios y valores sobre los cuales debería reposar la democracia moderna”. Más que nunca, dice Hessel, hoy necesitamos de ellos para sentirnos orgullosos de una sociedad: “no de ésta de clandestinos, de expulsados, de sospechas sobre los inmigrantes, de ésta en la que no se respetan las jubilaciones, las garantías de la seguridad social, donde los medios de comunicación están en manos de los poderosos”. Otras de las reivindicaciones que el programa preconizaba era “el retorno a la Nación de los grandes medios de producción monopolizados, fruto del trabajo común, de las fuentes de energía, de las riquezas del subsuelo, de las compañías de seguros y de los grandes bancos”. El interés general, agrega, debía y debe estar por sobre el interés particular, la justa repartición de las riquezas generadas por el mundo del trabajo debe primar sobre el poder del dinero. “Una verdadera democracia tiene necesidad de prensa independiente y aquel programa lo decía claramente: ‘la libertad de prensa, su honor y su independencia frente al Estado, a las potencias del dinero y a las influencias extranjeras’. Este es el programa y éstas, las conquistas sociales de la Resistencia que la situación actual pone en tela de juicio.”
Por ello, “el motivo de la resistencia, hoy, es la indignación”. ¿Cómo puede faltarle dinero ahora al Estado para cumplir con sus obligaciones, se pregunta, si la producción de riquezas ha aumentado considerablemente desde la Liberación, cuando Europa estaba arruinada? Sólo, responde, porque el poder del dinero jamás ha sido tan grande, con sus propios servidores hasta en las más altas esferas del Estado. Jamás la distancia entre los más pobres y los más ricos ha sido tan importante. “El motivo de base de la Resistencia era la indignación. Nosotros, veteranos de los movimientos de la Resistencia, llamamos a las jóvenes generaciones a hacer vivir, a transmitir la herencia de la Resistencia y sus ideales. Nosotros les decimos: tomen el relevo, ¡indígnense!”
La actual dictadura internacional de los mercados financieros es la que amenaza la paz y la democracia, sostiene. Estas son la democracia y la libertad incontroladas del zorro en el gallinero. “Yo les sugiero a todos y a cada uno de ustedes tener un motivo de indignación. Eso es precioso. Cuando algo los indigna como he estado indignado yo por el nazismo, entonces uno deviene militante, fuerte y comprometido. Uno se agrega a esa corriente de la historia y la gran corriente de la historia prosigue gracias a cada uno.”
La indiferencia –va concluyendo el opúsculo– es la peor de las actitudes. Si alguien se comporta con indiferencia, “pierde uno de los componentes esenciales que conforman lo humano”. Identifica los dos grandes desafíos del presente: no se puede dejar crecer esta distancia entre ricos y pobres en el mundo; hay que salvaguardar los derechos del hombre y el estado del planeta. Dos desafíos, se entiende, con todo su contenido social, político, biológico y moral. Y llama a asumirlos (he aquí otra particularidad) por la vía no violenta. La violencia, según Hessel, aunque justificada en algunos casos excepcionales, “vuelve la espalda a la esperanza”. Para él, “hay que preferir la esperanza, la esperanza de la no violencia”. Recoge expresamente el mensaje de Mandela, de Martin Luther King, que “encuentra toda su pertinencia en un mundo que ha sobrepasado la confrontación de las ideologías y el totalitarismo conquistador”. Y recomienda solucionar los conflictos por una comprensión mutua y “una paciencia vigilante”. Fundadas en los derechos cuya violación, cualquiera sea el autor, “debe provocar nuestra indignación”. Preconiza, así, “una insurrección pacífica”; marca nítidamente contra qué y quiénes: “contra los medios de comunicación de masas que proponen como horizonte a nuestra juventud el consumo de masas, el desprecio por los más débiles y por la cultura, la amnesia general y la competencia a ultranza de todos contra todos”. Y termina subrayando: “Crear es resistir. Resistir es crear”.
No pienso, claro está, que éste sea el único aporte ideológico que recoge la protesta. Pero sin duda es una fuente preciada de inspiración, incluso en lo verbal. Tampoco parece raro que resurja hoy en España, no sólo por razones económicas y sociales. A la luz de su memoria histórica, que en los pueblos suele ser más poderosa y patente, aunque inconsciente, que en los individuos, reaparecen las raíces y las ideas libertarias que imperaron y fueron llevadas a la práctica allí como en ningún lugar del mundo durante la fascinante experiencia de la revolución española, antes de la derrota en la guerra civil. Derrota que, como se ve, es siempre relativa, sobre todo en el plano de las ideas y de lo moral o, como dicen los manifestantes, de “la dignidad humana”.
Susan Buck-Morss, politóloga de la Universidad Cornell y una de las intelectuales críticas más influyentes de la actualidad, se propone en Hegel y Haití una tarea de riesgo: demostrar que la dialéctica del amo y el esclavo hegeliana, incluida en la Fenomenología del Espíritu (1807), tiene su fuente en el impacto que la rebelión de Haití en 1791 y la declaración de su independencia en 1804 tuvieron sobre el filósofo alemán, lector voraz de diarios y revistas políticas.
La fórmula de la dialéctica del amo y el esclavo, que ha sido asociada tanto a la lucha de clases como al rol del reconocimiento en sociedades multiculturales, reza: si en una primera instancia el esclavo es percibido como una mera “cosa” caracterizada por la falta de reconocimiento mientras que el amo resulta independiente, a medida que se despliega la dialéctica, surge la tensión. El amo, al ser dependiente de la institución de la esclavitud para la “superabundancia” que constituye su riqueza, pasa a depender de un esclavo que, a cambio, alcanza la autoconciencia al ocuparse de transformar la naturaleza con su trabajo. La única solución llegará de la mano de la autoliberación y de la abolición de toda forma de esclavitud.
La novedad de Hegel y Haití no está en su presentación de la dialéctica misma sino en pensarla, no ya como una suerte de abstracción, herencia involuntaria de la tradición filosófica, sino como reflexión inmediata sobre un inédito proceso concreto. En 1794, la rebelión de esclavos, iniciada tres años antes, terminó por forzar a la República Francesa a reconocer la abolición de la esclavitud en todas sus colonias. Pero aún restaban los pasos finales. A partir de entonces y durante seis años, los ex esclavos resistieron (y arrasaron) la invasión británica destinada al reestablecimiento de la servidumbre. En 1802 las pretensiones de Napoleón de terminar con el abolicionismo fueron derrotadas por el gobierno de la colonia. El efecto inevitable del enfrentamiento fue la declaración de la independencia. Así, esclavos negros jacobinos lograron superar a la metrópoli en la puesta en práctica de los ideales del humanismo francés. La dialéctica del amo y el esclavo, uno de los tópicos más influyentes de la filosofía occidental, habría sido inspirada, según Buck-Morss, por la lectura atenta de los diarios.
La audacia de Hegel, afirma la politicóloga, fue excepcional. Hasta entonces el concepto de “esclavitud” remitía a una mera metáfora destinada a connotar las relaciones de poder. Jean-Jacques Rousseau, John Locke o los revolucionarios norteamericanos habían preferido hacer un uso abstracto, pacificador y difuso de la limitación más radical de la libertad. Mientras tanto, silenciosamente, la filosofía y la acción política se enmarcaban en un sistema económico sostenido por la esclavitud. Claro que, y en tren de esbozar una objeción, hacer descansar la hipótesis central del texto en el hecho de que Hegel haya estado al tanto de la rebelión parece, al menos, prematuro.
La sola presencia de la firma de Buck Morss -cuya erudición apunta siempre hacia el presente- sugiere, sin embargo, que su mirada no está dirigida sólo a Hegel y a sus contemporáneos, sino que aspira a ser una suerte de alerta enfocada hacia sus propios pares. Y es allí donde asoman las mayores virtudes del volumen. Además de recriminar a los historiadores la escasa atención prestada a la institución de la esclavitud, deja a la vista la manera como un intelectual está obligado a reflexionar. En la era de la globalización y el poscolonialismo, la evocación de la recepción hegeliana de acontecimientos latinoamericanos obliga a revisar el modo en que la filosofía de los países centrales establece su vínculo con las culturas de la periferia. Es así como, en un momento en que la xenofobia de los países centrales se está tornando casi en un supuesto sentido común, reconstruir un proceso que por primera vez desafió el racismo vuelve a Hegel y Haití mucho más que un trabajo de archivo.